Las causas de la “hiperactividad”

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En semanas anteriores compartíamos algunos consejos prácticos para mejorar nuestra concentración, en esta oportunidad vamos a ver qué podemos hacer cuando el déficit de atención se da en los niños, algo que se da cada vez más a menudo

Medicación psiquiátrica
Lo peor de todo es que en general se termina recurriendo a la medicación psiquiátrica y esta -por buenas que sean las intenciones-, lamentamos informarles, va a actuar en detrimento de la capacidad del niño para desarrollar sus plenas capacidades mentales. Es decir, un niño que tiene un déficit de atención, que se distrae fácilmente, que es “hiperactivo” y lo tratan por ello con medicamentos psiquiátricos, nunca -y esto es un hecho- va a llegar, una vez en la adolescencia, a alcanzar su pleno potencial en lo que refiere a aprendizaje, velocidad mental o capacidad deductiva, porque en la edad en la que se establecen la mayor cantidad de conexiones neuronales, su cerebro va a estar “adormilado” por el medicamento. De manera que sin importar qué tan bueno sea el medicamento, siempre éste será la peor de las opciones

Bombardeo de información
Ahora bien, muchos padres dicen “mi niño es hiperactivo”, a ellos les respondo que es difícil hoy por hoy definir la palabra “hiperactividad”, primero que nada tengamos en claro que un niño quieto es un niño enfermo, porque ellos deben ser movedizos, curiosos, tener deseos de aprender cosas nuevas, pensar en muchas cosas a la vez… lo que sucede es que vivimos en un mundo en el cual el bombardeo de información, de imágenes, de sonidos, de conectividad a nivel de celulares, computadoras, iphone iPod y todos los “i” que ustedes se puedan imaginar, es monstruosa, y esto se da prácticamente desde que se nace. Sin embargo nosotros, frente a un mundo globalizado y en el que se requiere tener la atención en varios lugares a la vez, pretendemos enseñar a los niños con los mismos métodos que se enseñaba en la época de la Revolución Industrial. Lamentablemente seguimos manejándonos con pautas muy antiguas y entonces distintos niños, con distintas capacidades, quedan agrupados “por fecha de fabricación”, porque recordemos que durante la revolución industrial se quería educar a todo el mundo de modo que fuera apto para el sistema imperante, el que nada tiene que ver con el mundo en el que vivimos hoy. Nuestros niños viven a otra velocidad, porque el mundo se desarrolla de otra manera, y no podemos pretender que métodos arcaicos funcionen y los mantengan atentos cuando todo es diferente.

Mala alimentación
Por un lado los bombardeamos con información todo el tiempo, y por otro les ofrecemos comida de muy mala calidad, muchos padres dicen “yo a mi hijo lo alimento bien porque le compro el postrecito marca tal o cual”, y no, ese postre, lamentablemente, es un alimento que no les aporta absolutamente nada, un 98% de publicidad y un 2% de colorantes y conservantes. Lo mejor es enseñarles a nuestros niños a comer frutas, verduras, huevos y carnes -de acuerdo a su tipo de sangre- y luego de los 5 años retirarles los lácteos, después de esa edad en más del 90% de los casos, la leche va a resultar tóxica, incluso en niños más chicos vemos problemas de broncoespasmos, problemas digestivos, o de alergias, que están generados por los lácteos. Porque casi toda la industria láctea, en su afán de producir más a menor precio, también disminuye la calidad, las vacas son bombardeadas con hormonas para que produzcan los 365 días al año y esas hormonas después no pueden quitarse de la leche, la que evidentemente nos hace mal al ingerirla.

Los azúcares
De manera que por un lado estamos intoxicando a los niños, dándoles alimentos generalmente saturados de grasa, de aceite, hiper procesados, con conservantes, cosas que son totalmente tóxicas para el organismo, y a eso le agregamos que “como premio” les estamos dando de continuo cosas dulces, que alteran el sistema nervioso. Todos hemos visto el caso de esos familiares que quieren mucho al pequeño y le regalan cosas dulces -con toda la buena intención-, pero sepamos que los dulces en exceso no hacen más que afectar el sistema nervioso, además los azúcares refinados terminan consumiendo el calcio, cambian el ph, producen fermentación, acidez, trastornan absolutamente toda la química del cuerpo y no lo favorecen en nada.
Y encima la educación que les estamos dando no es buena, porque cada vez que hacen las cosas bien, en vez de explicarles que eso va a ser bueno para ellos mismos, los premiamos con dulces como si fueran una mascota a la que educamos en base a: premio – castigo. Esto es un grave error, al niño tenemos que enseñarle a través del amor y de la lógica, no en base al “método dulce o cintazo”, y si es que así lo estamos haciendo preguntémonos entonces ¿en qué época estamos viviendo?; fíjense que todos pretendemos que los niños presten atención, pero los alimentamos mal y los educamos con métodos obsoletos, me parece que deberíamos reflexionar sobre esto primero que nada, y ver si los estamos alimentando correctamente.

“Falta de tiempo”
Muchos padres dicen no tener tiempo, pero sepan que a veces “menos es más”, dediquemos menos tiempo a las cosas materiales y démosle más atención a nuestros hijos, que eso seguramente redundará en una mejora para nuestra familia, la salud, el vínculo con nuestros hijos, porque en la sociedad en que vivimos estamos generando familias enfermas y después nos quejamos del resultado, y lo queremos solucionar con una pastillita. Y sepamos y tengamos en claro, que esto no es culpa del médico, ni del educador, ni del psicólogo, es falta de responsabilidad y de conciencia de todos nosotros -y a esto creo poderlo afirmar como terapeuta pero también como padre-. Entonces, vamos a ponernos un poquito más responsables con la salud de nuestros hijos, y si lo hacemos, vamos a ver cómo el “déficit de atención” disminuye drásticamente y las relaciones mejoran.

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