Memoria y capacidad de concentración (2da parte)

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La semana pasada, hablamos sobre las intoxicaciones alimenticias y los problemas de hígado, y nos enfocamos en el tema de la falta de concentración; hoy vamos a ahondar un poco más en ello.

Espacio entre comidas

Quizás a ustedes les resulte rara la afirmación de que el hígado está relacionado con nuestra concentración, sin embargo para la medicina china esto es algo harto sabido, de hecho está íntimamente relacionado el estado del hígado y de nuestra salud con la posibilidad de llegar a sufrir un ACV (tema del cual ya nos hemos ocupado). En relación a la capacidad de concentración de las personas, la que se podría calificar hoy en día como de muy baja, les diré que la gente me pregunta qué es lo que puede tomar o comer para concentrarse mejor, la respuesta a esta pregunta generalmente surge si hacemos un análisis inverso, es decir, ¿qué es lo que no debo tomar o comer para concentrarme mejor?. Ustedes sabrán que cuando comemos frituras, alimentos muy grasos, cosas pesadas… al otro día nos levantamos con la cabeza totalmente “embotada”. El tema es que si bien éstos pueden ser casos aislados, muchas veces se vuelven crónicos, como consecuencia de una mala alimentación, en la cual, para colmo de males, ¡nunca completamos la digestión!. No hemos terminado de comer algo cuando nuevamente estamos poniendo comida en nuestro estómago, una costumbre “muy nuestra” que nos trae aparejados varios inconvenientes.

 

Comer con hambre

Si partimos de la base de que un hígado limpio va a hacer que todo nuestro cuerpo funcione mejor -es decir, la presión intraocular y la tensión muscular van a ser las correctas, van a disminuir las contracturas, vamos a sentirnos más cómodos, vamos a estar de mejor humor- también deberíamos agregar que para que esto suceda, la digestión debería ser sino optima por lo menos buena. En este sentido una de las primeras cosas que tendríamos que empezar a considerar es esperar a tener hambre para comer. Mucha gente dice “yo siempre como cuando tengo hambre” pero preguntémonos a conciencia si esto es realmente cierto, cuántos de nosotros esperamos a sentir que el estómago está haciendo ruido porque realmente está vacío, para recién entonces comer, y, en estos casos, cuántos de nosotros tomamos agua para ver si lo que nos está pasando no responde al hecho de que estamos deshidratados. Bueno, no solo que esto casi nunca sucede, sino que además la mayoría de nosotros come por ansiedad, por aburrimiento, por gula o por placer, y rara vez lo hace por hambre.

 

Mezclando alimentos

A todas estas malas costumbres, debemos sumar el hecho de que muchísimas veces mezclamos alimentos que tienen una digestión muy lenta con otros de digestión rápida, en estos casos el estómago “no sabe cómo hacer” para procesarlos todos a la vez, es como si metiéramos dos tipos de platos diferentes en el horno y al mismo tiempo, entonces uno de los dos va a quedar crudo.

El hecho de estar todo el tiempo ingiriendo alimentos diferentes sin completar la digestión es como si a un lavarropas, a mitad del ciclo de lavado, le volviéramos a colocar otra carga de ropa sucia, y luego sacáramos aleatoriamente un poco de esa carga y volviéramos a colocar más ropa, reiniciando el proceso. Imaginen cuál sería el resultado de estas acciones, bueno, eso es exactamente lo que hacemos día a día, año tras año con nuestro estómago, y es la causa principal de que, tarde o temprano, nos generemos un estado crónico de intoxicación.

 

Lo normal es estar sano

Capaz ustedes creen que es exagerada esta afirmación, pero observémoslo en la práctica, por ejemplo, cuando a cada cambio de estación nos enfermamos. Esto no debería ser así, sin embargo nosotros lo tomamos como “algo normal”, cuando en realidad lo normal debería ser estar sano.

Recordemos que antiguamente nuestras abuelas tenían la costumbre, antes de los cambios de estación, de hacer una semana de dieta, con sopas, comidas livianas, y una purga al final, así se “empezaba de cero” la nueva estación, habiendo depurado el cuerpo.

Con esa simple costumbre se evitaban muchísimas enfermedades y trastornos. Hoy día cuando menos  deberíamos considerar el hecho de “darle un respiro a nuestro cuerpo”, a cada cambio de estación. Como mínimo deberíamos estar una semana comiendo liviano, tomando bastante líquido, muchos jugos naturales, evitando entreverar los alimentos, quitando totalmente las frituras… Es un hecho que si adoptáramos estas costumbres como modo de vida, rara vez nos enfermaríamos, y obviamente que eso sería lo ideal, pero por lo menos que lo hagamos de vez en cuando ya es algo, porque la cabeza se va a ir despejando y nos vamos a sentir mucho mejor y capaz eso nos incentive a seguir alimentándonos de forma correcta. Si todo el tiempo estamos intoxicados, nuestro cuerpo no va a dejar de sentirse molesto, y vamos a sobrecargar el sistema nervioso, favoreciendo todos los factores propicios para el desarrollo de distintas enfermedades.

 

El cuerpo como un todo

Hay muchos libros que dicen que el sistema digestivo y el intestino en particular, podrían considerarse nuestro “segundo cerebro”, pocas personas saben que tenemos tantas conexiones neuronales a nivel del aparato digestivo como del cerebro, entonces si uno de ellos anda mal, el otro no puede funcionar bien, porque ambos están conectados a la misma “red central”. Nuestro cuerpo es un todo y como tal funciona. De manera que sería bueno que tomáramos todos estos datos en cuenta, por lo menos que intentáramos una o dos semanas seguir estas sugerencias. Pongamos un poco más de atención y analicemos cómo nos alimentamos, cómo nos hidratamos, y cuánto tiempo le damos a nuestro cuerpo para poder desintoxicarse, antes de quejarnos de que se nos hace difícil concentrarnos.

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