Una voz para la memoria

miriam bek - Una voz para la memoria

En la fría tarde del sábado 4 de junio, en el salón del Centro Artigas Uruguay de la ciudad de Tranqueras, hubo una charla por demás interesante. Por primera vez en dicha ciudad una sobreviviente de los campos de concentración nazis, dio su testimonio. Con sus actuales 89 años Miriam Bek fue desgranando algunos de sus recuerdos para un auditorio de alrededor de un centenar de personas, con muchos jóvenes presentes, lo cual fue destacado tanto por los autores del libro (Miriam Bek y su hijo, Miguel Kertesz) como por algunos de los presentes que hicieron preguntas o bien reflexionaron sobre lo que habían escuchado.
Decimos bien, no se trató simplemente de la presentación de un libro (Una voz para la memoria, de 164 páginas en su tercera edición y primera edición en formato booket de la editorial Planeta), sino más bien de una charla, donde hijo y madre fueron hablando sobre lo que le tocó en suerte a esta mujer judía bajo un guión que es el libro mismo, o lo que allí se cuenta.
Para los salteños no es nuevo esto, ya que la autora hizo la presentación de este mismo libro tiempo atrás, pero no viene mal rememorar lo que fue esta charla, por la importancia que tiene el recuerdo de hechos y circunstancias pasadas con el fin de que esto no vuelva a suceder.
Justamente, la característica de memoria fue lo que más se destacó al final de la charla, porque tras cincuenta años de silencio esta mujer nos dice que tuvo que “abrir el corazón porque tenía la obligación de contar mi historia, para que se sepa”. Pero no es esto únicamente, no es sólo la historia de esta mujer lo que es necesario que se sepa. Porque, como si fuera un resumen, tras la historia de esta mujer se trasluce lo que fue la historia de hombres y mujeres, pueblos, etnias y razas que sucumbieron a la bota del fascismo y la histeria nacionalsocialista.
Es la historia de los judíos, sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial, pero la de todos los que fueron considerados “seres inferiores”: gitanos, homosexuales, afro descendientes, los discapacitados, los mormones y los masones y, por supuesto, los enemigos políticos del régimen hitleriano. Pero más aún, es parte de la historia de la humanidad, de cómo se llegó a esa situación, de todos los que colaboraron para armar a la Alemania nazi o que a su sombra se enriquecieron (empresas multinacionales que, obviamente, se vieron beneficiadas, por el trabajo esclavo), y gobiernos que no se enfrentaron a los nazis abiertamente con la secreta esperanza de que éste arrasara con la entonces Unión Soviética y el comunismo, y todos los que fueron sus aliados dentro y fuera de la Europa de entonces. Porque, como nos dice la autora, los campos de exterminio existieron, y los seis millones de judíos muertos, asesinados, fueron una realidad. Una triste y brutal realidad
Por supuesto que el libro, y la voz que durante cerca de dos horas nos fue “contando” ese trozo de historia personal, ya en un plano superior, es decir ya elaborado el recuerdo y por lo tanto que ya no es tan doloroso como para no poder contarlo (aunque necesitó cincuenta años para recuperar la memoria, durante los cuales tuvo que tomar pastillas para poder dormir y “dominar” las pesadillas recurrentes), nos habló en un sentido humano, vital, más allá de la política o de la ideología.
Se trata, entonces, de la vida o, para decirlo más gráficamente, de cómo sobrevivir y de que, en definitiva, lo único que importa es sobrevivir, mantenerse vivo, porque mientras haya vida habrá esperanza. (Sergio Schvarz)

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